ORDENACIÓN SACERDOTAL DE D. MANUEL MIGUEZ REDONDO 

EN LA PARROQUIA DE SEIJO-MARÍN 4/4/1968
ORDENACIÓN SACERDOTAL DEL RVDO. DON MANUEL MIGUEZ REDONDO
OFICIÓ EN LA CEREMONIA SU EMCIA. EL CARDENAL QUIROGA PALACIOS.



(Seijo-Marín- Crónica de nuestro enviado especial Teófilo Sanmiguel). (El Correo Gallego, publicación del día 6/4/1968)
-Hemos venido a Seijo. Exclusivamente para contaros una ordenación sacerdotal. Un momento de la vida de un hombre que pudiera pasar a la historia sin ruido, sin comentarios. La historia de un compromiso de un hombre con Dios. Muchas veces pasan estas cosas. Casi no se comentan. Estamos cansados de noticias tristes, de problemas tremebundos. En la Prensa faltan las buenas noticias. Falta un poco de alegría. Es necesario contar también las cosas sencillas. Las cosas que normalmente pasan inadvertidas. Os contaré la ordenación de un hombre de Seijo. Sigo la técnica del que se ve. Casi una crónica radiada. Veréis lo que ha pasado. No es nada. Lo es todo.

A las cinco y media la Junta Parroquial de Laicos, con su cura a la cabeza, están en la carretera. Llueve. Esperan la llegada del Sr. Cardenal que oficiará, que trae en sus manos y en su corazón un recadito, un encargo para siempre de Dios a un hombre. Llega el coche del Cardenal. El Príncipe de la Iglesia saluda y bendice a sus hijos que le esperan. Que le quieren. Breves momentos. La lluvia arrecia. Llegan los coches a la puerta de la iglesia. Hombres del pueblo reciben al Sr. Cardenal, para entrarlo bajo palio en el templo. Preparad el velamen, dijo un marinero. Y el velamen abrió sus alas al viento. La iglesia de bote en bote.

EMOCIÓN
 
Nuestro arzobispo, D. Fernando Quiroga Palacios se acerca al Sagrario. Ora unos momentos. ¿ Qué pedirá? Yo me lo supongo. Nuestro Cardenal está emocionado, todo Seijo canta de alegría. Mientras tanto, don José Benito recuerda al pueblo de Dios que están ante su Padre y Pastor. La gente lo sabe. Se reviste Monseñor de una casulla nueva, flamante, que luego regalaría con especial cariño a la parroquia. Empieza la misa. Después de la Epístola es llamado el ordenado. Suena en el templo la invocación a la Santísima Trinidad, pidiendo por la santidad del sacerdote. Siguen las letanías cantadas por el pueblo. Mientras tanto el ordenado se ha tirado en el suelo. Estirado. Anonadado. El Espíritu Santo. La Voz de Dios le habla al oído. No podemos menos de recordar al ver la posición del hombre que se ordena las palabras de un hombre de Dios. Poco más o menos. Los sacerdotes tenemos que ser mullidas alfombras donde los demás pisen blando. Todos piden por la santidad del nuevo sacerdote. Estoy seguro que Dios se volcará ante la petición emocionada de esta gente humilde y sencilla. Posteriormente el Prelado impone las manos al ordenado. También lo hacen en su momento los demás prebísteros asistentes.

LA HOMILIA



Nos ha gustado la homilía del Sr. Cardenal después del Evangelio. Explica al pueblo el significado de la ceremonia. Es formidable el valor de la liturgia. Nos dice a todos los asistentes la gran emoción que siente al ordenar un nuevo sacerdote. Nos ruega que recemos por los presbíteros y por él, que es un sacerdote más. Que pensemos en la dignidad sobrenatural del sacerdocio cristiano. “Es el sacerdote -nos dice- un Ángel de Dios que enseña a los hombres dónde está el camino”. Nos recuerda que el gobierno en la Iglesia no es autoritario, es amistad. ” La voz del sacerdote es la de Cristo, que es quién realiza los sacramentos”. Continúa su Eminencia con frases de cariño para esta Parroquia de Seijo. Dice que les deja un regalo de parte de Dios. Un nuevo sacerdote. Termina felicitándole y dice que lo recibe con los brazos abiertos.

Notamos que en el ofertorio, el ordenado, ya sacerdote, ofrece una vela a su Obispo, que él recibe.

A partir de este momento, ya con el canon, la misa es concelebrada. D. Manuel está emocionado. Se traba la lengua. Esto es bonito. Comulgan casi todos los asistentes. Me recuerdo del slogan ” Seijo siempre es mejor”. No sé si lo será. Veo que ponen los medios.

Al final de la ceremonia se le da al sacerdote nuevo, recién llegado, el poder de atar y desatar los pecados. Suenan en el aire las frases del Evangelio. Frases de vida. Canto de esperanza.

Esta es la crónica de un acto sencillo, sublime y sencillo. Una vocación. Llamada y respuesta.

IMPRESIONES PERSONALES


Momentos antes de la ordenación hablamos con D. Manuel Miguez Redondo. Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec, con sus primeras palabras. ¿Desvaría? ¿ Qué quiere esto decir ? Nos lo aclara :

Desde hoy, por la gracia de Dios, seré sacerdote para siempre.

-Don Manuel, díganos sus impresiones, cuéntenos todo lo que quiera. No le vamos a interrumpir. Queremos escucharle.

-Quiero resaltar el cariño de la gente de Seijo. Día tras día, a la vuelta del trabajo estuvieron ensayando para la ceremonia. La Parroquia hizo cosa suya mi ordenación. Incluso los no practicantes se sumaron unidos como un solo cuerpo. No sé cómo agradecerlo. Los marineros desconocían el uso del palio, pero todos ellos quisieron ensayar con el “velamen”. A nadie cedieron el honor de llevarlo. Es curioso observar el cariño de esta gente de Seijo. No han querido que nadie pague los gastos de la ordenación. Ellos lo son todo. Tampoco permitieron coros extraños. Cantarán con alegría. Y a fe que lo hacen bien.

-Todas las ideas, iniciativas pensadas para el éxito de la ceremonia salieron de los laicos. Esto es maravilloso.

-¿ En su interior qué siente D. Manuel ?

-Gracias a Dios y a la Iglesia representada por el Sr. Arzobispo que es el que confirma en nombre de Dios mi vocación sacerdotal de entrega, de servicio. Gracias al Párroco don José Benito Daviña, que más que un superior ha sido para mí un hermano. Tanto nos queremos que la gente de la Parroquia creía al principio que éramos hermanos de sangre. Gracias a la Parroquia que -lo repito una vez más- hizo cosa suya mi ordenación y la ha seguido día a día. ¿ Qué más quiere le diga ?

Nada amigo mío. Nada, Sacerdote para siempre según el orden de Melouisedec.

D. Manuel.

SEIJO SIEMPRE ES MEJOR

“SEIJO siempre es mejor” es un slogan con garra. Dice mucho. Lo dice todo. A la entrada de Seijo un cartel, cortando la carretera como un saludo, fue colocado por los hombres de Seijo. Yo corregiría el “slogan” . Lo haría superlativo. Seijo es formidable. No lo hago, dejó las cosas como están. Seijo siempre es mejor. Parece una consigna, un juramento para mejorar un poco todos los días. Poco a poco. Paso a paso, pero firmemente. Hoy se celebra en Seijo la ordenación de un sacerdote. La Iglesia parroquial se viste de Basílica. El pueblo entero está de gala. Un día más de trabajo que, por la gracia de Dios, se viste de fiesta. Los vecinos son todo un símbolo. 

Todo Seijo nos hace pensar. Nos deja una huella imborrable. Durante la jornada, madrugando un poco más en este día, la gente se fue a su trabajo cotidiano. Hicieron las cosas con cariño, pues hoy como siempre ofrecen su trabajo a Dios. Y a Dios no se le ofrecen chapuzas. Don José Benito, su párroco así se lo ha enseñado. “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”, les recuerda constantemente, aprovechando los versos del poeta de Castilla. Hoy, cómo siempre, todo se hizo bien en Seijo. La pesca marinera, la azada metida en la tierra, el pecho que da la madre al niño, el beso del esposo, la clase en la escuela de la calle. Todo se hace bien, pues la gente aprendió a sentificarse en el trabajo, cada cual en su sitio, sin salirse por peteneras. Seijo siempre es mejor.

LA VERDADERA IGLESIA

Hoy hemos vivido, estamos viviendo la verdadera Iglesia. Los laicos de Seijo lo arreglaron todo para la ordenación de Don Manuel. El párroco se limita a dar el Pan y la Palabra. A darse él. A servir y a no ser servido.

Se ordena de sacerdote D. Manuel Miguez Redondo. La ceremonia, esta maravilla de la liturgia, quiso el Sr. Cardenal que se celebrase en Seijo. En una pobre parroquia. ¿ Ha sido un premio ? No lo sé. Dios hace las cosas y no da explicaciones. Sólo una palabra se me ocurre. Alegría. La alegría de un obispo, de un Pastor que ve el cariño de todo un pueblo. Cariño filial. Sencillo. Sin adornos “rococo “. Alegría de D. José Benito que ofrece a sus feligreses una lección más de vida, un ejemplo de entrega, una muestra de amor. Alegría de D. Manuel Miguez Redondo, que no la puedo explicar. No encuentro palabras. Alegría de anonadarse ante Dios para servir a los hombres. No sé explicarlo. Vosotros me entenderéis. Alegría para Seijo, que hoy nos enseña a todos lo que es una comunidad cristiana. En Seijo vive la Iglesia, vive en el mar, vive en la montaña y lo que es maravilloso, vive en los corazones, Seijomsiempre es mejor.

VIVE EL EVANGELIO 

El párroco de Seijo es pobre. Lo saben los vecinos. Ven como vive la pobreza. Los fondos parroquiales los administran los laicos. D. José Benito no dejará fortuna a sus sobrinos, dejará en marcha el pueblo de Dios. Es su misión. Seijo siempre es mejor. Nadie le gana en generosidad. A la parroquia, a la parroquia faltándole todo en principio, hoy no le falta nada. Hace diez minutos, yo lo he presenciado, una mujer humilde, muy humilde sacó del refajo mil pesetas. Todo lo que tenía. Como dándole vergüenza, temiendo que no se las aceptaran entregó todos sus ahorros. Ella quiso colaborar a los gastos de la ordenación sacerdotal de D. Manuel.

Viven todavía en el mundo los personajes eternos del Evangelio. ¿Os acordáis de la viuda que dio en el templo todo lo que tenía? Yo me acuerdo y siento vergüenza. Recuerdo las calderillas con que cumplimos nuestras obligaciones con la Iglesia. La protagonista de esta anécdota está tranquila. Sabe que si necesita algún día esas mil pesetas la Junta Parroquial de laicos arreglará su problema. He visto en la puerta de la parroquia otro “slogan” : “Hoy por ti, mañana por mí “. Así empezaba la suscripción para resolver un caso de necesidad que existe en la parroquia. Pero estoy tranquilo. Nuestra amiga no necesitará sus mil pesetas. Dios da ciento por uno.

Hoy en la iglesia de Seijo un hombre se entrega para siempre al servicio de Dios. Al servicio de los demás. Es maravilloso comprobar la unión que suscita su persona, su ordenación sacerdotal. El pueblo entero, todos los sacerdotes de la comarca y el Obispo, representante de Dios en la archidiócesis, todos en un solo cuerpo, esto es la Iglesia, estuvieron con él.

D. Manuel
Igrexa de Seixo/Marín