34- RITUAIS DE MAXIA NEGRA.

O sal é un elemento usado para absorber as malas enerxías, pero empregado de maneira malévola, pode provocar dano.
Está relacionado co mal de ollo e considérase un ritual negro porque se usa para ocasionar que unha persoa non teña éxito ou mesmo, cousas peores como accidentes.

Pois si, isto que acabo de escribir ven relacionado co que algunha xente que visita o noso cemiterio parroquial dedícase a realizar no Camposanto, e non é a primeira vez.

Nada máis e nada menos que rituais de “maxia negra”, e lévao facendo nun recuncho do Camposanto desde fai un tempo, debido a como se encontraba.
Fai uns días, cando fun ao cemiterio para dar unha volta e colocar uns avisos para advertir do consumo da auga, atopeime coa desagradable sorpresa de que nun dos panteóns estaba a realizarse “maxia negra”.
Cal era o propósito que a persoa que puxo iso naquel lugar ? Pois vai ti a saber…
Estes tipos de feitizos teñen moitas finalidades, por exemplo, utilízanse para atraer desgrazas á persoa que representa o boneco, como o que atopei estendido encima dunha capa de sal.
Polo que se conta nos mundos dos rituais, o boneco atopado utilízase para controlar a outra persoa coa que se tivo algún tipo de problema e dicen que pode provocar moito dano, inestabilidade psicolóxica, entre outras doenzas corporais.
Habitualmente, o tipo de persoas que recorren a este medio é para causar dano na distancia para que a persoa á que se lle desexa o mal, non saiba nada do porqué do que lle sucede.

Conforme puden, dei o oportuno aviso e inmediatamente foron a retirar o boneco.

CITAS LITERARIAS (22) FAUSTO CERPONZONES

ARTIGO LOCALIZADO NO XORNAL LA VANGUARDIA ESPAÑOLA

Con data 25 de Xullo de 1973 publicábase este artigo que me sorprendeu totalmente, agradezo calquera información que me poidades chegar sobre Fausto Cerponzones

LA CALLE Y SU MUNDO
FUEGOS
(Se queman millares y millares de árboles).
En la obra del ingeniero de montes Fausto Cerponzones, “Arden las laderas”, que vio la luz ya comenzado el programa de repoblaciones forestales, después de las talas registradas en la ” Era del escantillón” , se estudian los inicios de los incendios montañeros. Estos fuegos constituyeron una protesta de los campesinos ante la ocupación de vastos terrenos comunales que estaban destinados al pastoreo. La “Era del escantillón ” se apeló de esta guisa, porque innúmeros labriegos tomaron para sí el aparato de escuadrias y recorrieron el país dedicados al trato y cubicación de la madera. rematado éste periodo, surgió el citado programa de repoblación, que tanto perjudicó a los ganaderos humildes y cabe calificar de enfrentamiento agrario-industrial, donde los hombres del rus perdieron la batalla, lo que los obligó a estabular sus ganados. Los bosques se consumían, incendiados por los detractores del progreso y fue menester armar guardias jurados, trazar caminos en la espesura, aptos para vehículos de numerosos bomberos y a escoger determinadas especies resistentes a las llamas que, a modo de telones incombustibles, funcionaban de cortafuegos.

El libro de Fausto Cerponzones tuvo escasa tirada y no fue reeditado, porque nada más publicado se suscitó la llamada ” Guerra de los Conceptos” y todos debieron de empuñar las armas. Con la paz se hizo urgente la necesidad elaborar pasta de papel y los ejecutivos poderosos ordenaron crear masas arbóreas e izaron factorías que vertieron sus residuos en los ríos y las aguas discurrían emponzoñadas. Se unieron a los papeleros los fabricantes de tableros uniformes y contrachapeados. Se dijo por ciertos espíritus burlones que se vivía la civilización de las chapas, pues con dos láminas de castaño y entre ellas un relleno de rizadas virutas, las fábricas vomitaban millones de puertas y ventanas, y las ebanisterías mecánicas otros tantos armarios, taburetes y mesas. El ingeniero Cerponzones escribe que ” al desequilibrio maderero , caracterizado por el empleo abusivo del escantillón, sucedió una etapa de equilibrio, con la rendición de los ganaderos modestos y el futuro presagia otro desequilibrio que teñirá de fuego las vaguadas. A esta fase de futuras quemas le llamó Cerponzones, la ” Vorágine ígnea ” y estima que será de irreparables consecuencias para el hombre.

” Arden las laderas” es un libro muy interesante para conocer un poco la historia de los incendios en los bosques, que si antaño fueron perpetrados por labradores atropellados en sus derechos, ejecutarán en la época de la ” Vorágine Ígnea “, multitudes que aprovistadas de hornos de asar cocinan a la sombra del arbolado. Cerponzones barrunta estos desafueros pues vivió las primicias del excursionismo. En el último capítulo de ” Arden las laderas” el autor grosa el crecimiento de las ciudades y la destrucción de los parques naturales, y termina reconociendo que un bosque ardiendo resulta un espectáculo fascinante, siempre más grato, debido a su grandeza, que el apeo de los árboles, parcelar hectáreas y originar urbanizaciones. Se ve que el ingeniero forestal en trance de escoger era enemigo de la sierra y amaba las llamas, porque de una u otra manera, los árboles tienden a desaparecer. Los augurios son inquietantes, negros, alucinantes. Parece que eso estamos.-ERO