CITAS LITERARIAS (29) SAN BENITO, REPORTAXE POR TERRAS DE FE.

Nun xornal do ano 1912, atopo un artigo asinado por un tal MENANDRO, onde fixo unha visita á parroquia de Lerez, no día de San Benito.

O artigo paréceme moi bo e co paso dos anos muito mellor aínda, dado que nos explica como se vivía ese día fai máis de cen anos.

Seguro que as nosas avoas, ao chegar ao santuario de Lerez, realizaban as mesmas cousas que nos di no seu artigo, xunto cos cantos.

Estou por asegurar que éstos eran os que a miña avoa Ramona dixo naquel día que me levou a quitar as espullas, e que eu xa non me lembraba ata o día de hoxe que lin devandito artigo.

Comparto o artigo tal como está escrito, por certo cun protagonista que ten que ver coa nosa parroquia, o cura párroco señor Lareo.

12 JULIO 1912. EL PROGRESO.

NOTICIAS.

Con una concurrencia nunca vista, se celebró ayer en Lerez la fiesta de S. Benito.

En la misa solemne tuvo a su cargo el sermón el párroco de Cerponzones Sr. Lareo que estuvo elocuentísimo.

Hasta bien entrada la noche continuó la romería en la que era difícil el tránsito.

A pesar de esto no hubo que lamentar ningún incidente.

ANDANZAS REPORTERILES EN TIERRAS DE FE.

San Benito de Lerez.-Una Fiesta Tradicional.-Ritos curiosos.-Demostraciones de Fe.-Exvotos.-La Romería.

La del alba sería…

…Cuando después de dejar en máquina el numero de PROGRESO, abandonó la Redacción, apenas empieza a despertar el alba.

Voy a San Benito como un romero de ideal en busca de los milagros de una ingénua fé.

Es el camino que al santuario conduce, un torrente pleno de humanidad. Por él marcha una abigarrada muchedumbre en la que destacan su nota chillona, los pañuelos policromos de las mujeres aldeanas.

Como un lamentable cortejo dantesco, bordean el camino los mendigos harapientos, que muestran el horror de sus lacerías y mutilaciones, como un estímulo a la piadosa conmiseración de los rústicos peregrinos.

Las bárbaras heridas, las llagas purulentas y los raquíticos muñones, son el motivo de sus discursos implorantes, los cuales tienen todas las gamas de una elocuencia exaltada y declaratoria.

Al doblar un reborde del sendero, veo alzarse ante mis ojos, la silueta del vetusto monasterio de Lerez.

EN LA IGLESIA.

Por la derruída escalinata que da acceso al atrio de Lerez, asciende lentamente, caminando de rodillas, un cortejo de mujerucas implorantes. Muchas llevan farolillos encendidos, otras portan raros exvotos, fruto de su ingenua piedad creyente.

Yo había contemplado este cuadro artístico en un soberbio lienzo, del pincel de Carlos Sobrino, y yo puedo afirmar de modo concluyente, que la feliz creación del pintor pontevedres, es una de las mas humanas y artísticas que brotaron de su paleta.

La Iglesia abre de par en par sus puertas a los fieles que la invaden por completo, desbordándose por la nave central y capilla del Santo glorioso.

En esta capilla, que es el punto obligado de la mística peregrinación, se levanta el altar de S. Benito, completamente cubierto de piadosas ofrendas y ex-votos de cera.

Y aquí se desarrollan estas escenas raras de exaltación de una fé primitiva y pintoresca en extremo.

A la entrada de la capilla y en su lado izquierdo, pende del techo una lámpara de bronce, donde luce permanentemente una luz débil y osciladora. Las devotas lavan sus llagas y heridas en el óleo bendito, mientras otras guardan religiosamente en diferentes vasijas el aceite milagroso, curador de sus lacerías.

Poco más adelante, depositan sus ofrendas al Santo, los fieles. Son estas ofrendas completamente heterogéneas; gallinas, corderos, pollos, huevos, aceite, frutos de la tierra, lienzos y cera. Al lado del arcón de las ofrendas, un hombre viejo y socarrón expende trozos de cerillo, que se quema ante la efigie del Santo; y es de un efecto extraño, contemplar, la varia medida de los trozos cuyo precio oscila según su longitud.

Hay moza que mide el círculo de su garganta, la longitud de sus brazos o la grosura del cuerpo, Madres que ofrecen al Santo, la estatura de sus criaturas, traducida en los cirios místicos que chisporrotean languidamente.

Un rosario inacabable de mujeres y niños, desfilan andando de rodillas por debajo del ara del altar, y durante la humilde peregrinación, rezan una extraña salmódia.

Yo interrogo a una vieja sonriente que ha terminado su devoción.

-Quiere usted decirme la oración de S. Benito ?

-Bah. Seica ven de paba.

-No, mujer, no; dígamela, hágame ese favor.

-Está oración non e de señoritos; e nosa solo.

Y la buena mujeruca me recita su plegaria.

¡Oh! grorioso S. Benito que soupeche gañar o ceo, a ti rezamos pra que gañar o ceo, a ti rezamos para que por nos pidas e nos reserves un curruncho anque sea dos piores como pecadores que somos.

Líbranos de pest’o gando, de mal do’llo, e de feitizos de malas almas.

¡ Oh! grorioso S. Benito, que soupeche gañar o ceo, lévanos contigo. Amen.

-Y diga usted; no hay otra oración para los rapaces?

-Si señor, a que rezan as nais; pro teñen que dar tres voltas debaixo do altar, levando os pequenos diante.

– Y como es?

-Vai-se a rir de’ela…

-No, mujer, dígamela.

Y la buena mujer, me dicta esta otra extraña plegaria, rústica e infantil:

San Benito de Lerez

D’iste pequeno

facédeme un homiño

Que sea compreto

Para seu pai

Para si propeo

Para-sua nai.

Facédemo cumprido

Traballador

Garrido e garoleiro

Pero muy bo

Para seu pai

Para si propeo

Para sua nai.

A buen seguro, que está letrilla tiene para ellos, todo el valor, de la más brillante joya de la literatura mística.

Salgo de la capilla dirigiéndome al prebistero, ante cuya verja se alza otra imagen del Santo de Lerez.

Allí también se halla postrada la muchedumbre, dejando a los pies de la imágen, las pobres monedas de sus faltriqueiras.

LA ROMERÍA.

Por la explanada que circunda el monasterio, se extienden los mil puestecillos característicos de nuestras fiestas regionales.

Llaman mi atención unas fenomenales ristras de ajos que expenden, sentadas en el suelo, varias aldeanas; entonces yó las interrogo y ellas se manifiestan que dichos ajos están benditos y sirven para frotaciones y remedios.

Todo es jarana y bulla, y animación. Corre pródigo el vino por las gargantas de los mozos y chasquean las rosquillas entre los dientes de las mozas.

La gaita lanza a los aires su tonada bullanguera y dulce, mientras en los aires vuelan asustadas las aves por los estampidos de las bombas.

Y allá en el fondo del paisaje, culebrea el río Lerez entre la pompa joyante de los bosques rumorosos y las vegas de esmeralda.

MENANDRO.

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